Querida envidia

Hola Envidia,

Sobre ti hay mucho escrito, se me viene la canción de Fangoria, la envidia es como un puñal, ¿a quién se lo voy a clavar?, lo que pasa es que este puñal, lo llevo dentro, muy dentro, clavado yo. La envidia no es un pecado, es un castigo.   El otro día me comentó una amiga que tras años en el paro había encontrado un trabajo temporal, me sentó mal, en lugar de alegrarme, sentí ese puñal, como se retorcía en mis entrañas. ¿No es esto a caso un castigo?

Envidia, no espero que me respondas, pero ¿para qué me sirves? Porque siento que provienes de mi estado de carencia, de que no hay, que si otros tienen, a mí me va a faltar. De pequeño, me asfixiaba por una enfermedad respiratoria, que requirió de oxígeno y casi hospitalización. Y la sensación, supongo que es parecida. No hay para todos y si alguien lo consigue, a mí, me faltara, el sustento, el aire.  No sé si soy capaz de alegrarme por el bien ajeno y lejos de esto de convertirme en mala persona, todos somos mitad hijos de Dios, mitad hijos de puta, lo que sí me hace es sufrir. La empatía con el dolor, no se compensa con la empatía con la alegría y la felicidad ajena ¿no es maravilloso ser capaz de alegrarse por las alegrías de los demás?

Envida, ¿es esto justo?, o es que ya estoy tan perdido, que no eres envidia.

Verde de envidia, verde como la esperanza de que me abandones,  mis creencias de que no hay suficiente, que voy a acabar tirado en la calle, esta sensación de pobreza, no sé si tiene que ver contigo, aquí me pierdo.  Hay días que me levanto pensando que no quiero vivir, que la vida,  lo único que me aporta es sufrimiento, ya no quiero ser feliz, o al menos eso dije anoche en la cena, solo quiero estar en paz, como cuando voy a la playa.

Envidia, no voy a ser no voy a ser como E, no voy a tener sus capacidades sociales, desearlas no las hará mías, no voy a tener un negocio como A, porque no tuve un golpe de suerte en un momento determinado. La vida no es como El Secreto, desear las cosas, no las convierte automáticamente en mías, sino ahora mismo tendría un billete de la primitiva premiado.

Lo que si te pido Envidia es una tregua, porque estoy cansado de desear lo que los demás tienen  y aún cuando he conseguido someter “al mundo” con acciones que han tenido éxito, tampoco han sido suficientes, quizás no seas solo la envidia, sino la ambición, pero no ambiciono el dinero, ambiciono la admiración. Porque cuando lo consigo ya no tiene valor, hay un pero…

Terminaré imitando a Fangoria: No quiero más peros, en mi vida, solo tardes entretenidas.

Adios Envidia.

 

 

 

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